jueves, 6 de noviembre de 2014

Dominio de lo silvestre

Antonella Gandolini es una paisajista joven que se forjó partiendo con su amor por las plantas, inculcado en la casa materna, en el campo.
Sin embargo, tras empezar a querer realizar su propio jardín decidió estudiar jardinería y paisajismo, en el Club de Jardines de Chile. 
Producto de estos conocimientos adquirió una mentalidad innovadora en el diseño, siguiendo las lineas actuales de Piet Oudolf, Petra Pelz, Wolfang Oehme y tantos otros del paisajismo contemporáneo.
El jardín que diseñó en La Dehesa, y que visitamos a fines de octubre de 2014 es un ejemplo de esta mirada. Las herbáceas, gramíneas y bulbosas dominan en los amplios macizos entregando alegría y colorido al espacio.







El colorido lo dan preferentemente lirios celestes y azules, que contrastan con la flora nativa, de los espinos (Acacia caven) y los Sysirrinchum










Parque Zapallar, 6 años después








Hace seis años fui con la paisajista  Bernardita Prieto a conocer un nuevo proyecto que había realizado en Parque Zapallar, junto a su oficina.
Le había puesto mucho cariño a esa iniciativa, luego que la inmobiliaria le indicara que se hiciera cargo.
Ayer 5 de noviembre de 2014 lo visité nuevamente con un grupo de paisajistas y viveristas australianas, y recorrimos  cada detalle de las quebradas que van uniendo los edificios de este condominio, que está justamente a 5 minutos de Zapallar y a 5 de Cachagua, al lado del sector denominado El Pangue.
Bernardita ya no está, murió en febrero de 2012, luego de un doloroso cáncer que la alejó de quienes la queríamos, pero sentí su espíritu presente en esta obra y recordé cómo me explicaba cada detalle.
Adjunto la entrevista que hiciera en ese momento, en Vivienda y Decoración. Las fotografías son actuales.
Sus pares australianas disfrutaron en este espacio de siete hectáreas del patio inglés que rodea los edificios, de los bosquecillos con árboles nativos llenos de trinares de pájaros, de la fórmula en que Elizabeth Huyghe logró el master plan con los taludes y aterrazamientos, y de las innovaciones que han ido haciendo las compañeras del estudio de paisajismo de Bernardita, Carolina Zambra y Bernardita de Corral. Con ambas compartimos la pasión por aprender más y nos encontramos en alguna de las numerosas instancias en Chile donde se enseña jardinería y paisajismo.















Sábado 26 de Julio de 2008

EN ZAPALLAR: 
Vegetación para el descanso 

Anclar la arquitectura al suelo fue el propósito de este proyecto paisajístico. El plan maestro planteado por Elizabeth Huyghe hace diez años fue construido por Bernardita Prieto y Carolina Zambra, quienes pusieron especial énfasis en la conservación de las especies nativas que había en el lugar.

Texto, Luz María de la Vega Prat Fotografías, gentileza Bernardita Prieto

Aunque las siete hectáreas del condominio Parque Zapallar limitan con el camino costero y por eso no tocan la arena ni las olas, parecieran estar allí mismo. A cinco minutos de la entrada de Zapallar y a cinco de Cachagua, en el lugar se levantan dos edificios que hace una década diseñaron los arquitectos Jorge Swinburn y Álvaro Pedraza. La arquitecta paisajista Elizabeth Huyghe planteó la necesidad de crear varios taludes y aterrazar ciertos sectores para establecer áreas que permitieran el esparcimiento y la convivencia. "Había mucha pendiente, los edificios estaban muy arriba, y el paño de terreno estaba dividido por importantes quebradas con flora nativa. Por ello, puse énfasis en una circulación grata hacia los distintos estares con una base vegetacional que impidiera que las construcciones se vieran tan altas", cuenta la profesional.

Una vez hecho el plan maestro del paisajismo, la inmobiliaria encargó su construcción a Bernardita Prieto y a su socia Carolina Zambra, quienes debieron entregar los jardines en apenas tres meses. Lo recuerdan como un trabajo muy cordial, en el que todas las decisiones se tomaron en conjunto. Bernardita, quien se instaló en el lugar para poder dirigir las tareas, cuenta que había muchas máquinas retroexcavadoras trabajando en forma paralela, y agrega, "Juan Eduardo Saavedra Vicuña, quien vive en Zapallar, fue en esta materia nuestra mano derecha. Hizo los taludes de tierra y puso rollizos de pino sulfatados, tanto en forma vertical como horizontal, en bordes de escalinatas y formando las huellas".

Después de hacer un acabado estudio sobre las especies que se daban mejor en la zona, analizando aquellas de las casas más antiguas, determinaron cuáles usar, poniendo especial énfasis en las que dan cuenta de la memoria colectiva del lugar.

Una bajada para vehículos que une ambos edificios guía hacia un patio inglés y posteriormente a los estacionamientos. En ese recorrido se creó un atractivo conjunto de helechos arbóreos –alsophylla–, pitosporos enanos y mirto hamburgués, a los que se suman buganvilleas que crecen adosadas a los pilares. Como elementos verticales, se plantaron esterculias, que recién el año pasado florecieron en primavera para continuar hasta el verano, formando un atractivo punto de color rojo. Desde el patio inglés se sube o se baja a los departamentos, los cuales cuentan con amplias jardineras en las que las paisajistas pusieron ampelopsis, buganvilleas y pittosporos enanos para lograr una imagen unitaria.

A continuación de este sector el paisajismo es muy suelto y colorido, pese a su clara estructura, ya que las obras civiles están bastante marcadas. Mirando hacia el mar, cada edificio tiene en su base un talud con más de 1.500 lavandas plantadas en hilera, y en los pilares, Pittosporum undulatum forman conos que permitieron a las paisajistas "anclar la elevada construcción a la tierra", como dice Bernardita.

Las tres quebradas naturales, donde crecen centenarios árboles, como maitenes, quillayes, litres, peumos y boldos, fueron respetadas tal como la paisajista Elizabeth Huyghe proponía en su plan maestro. Así, los edificios del área norte y del sur, divididos por una de ellas, se unieron mediante un puente de madera, de carácter peatonal, que armoniza con el entorno. En ese recorrido y para generar continuidad, Bernardita y Carolina también plantaron árboles autóctonos.

El diseño elaborado para el área de las piscinas buscó generar un gran estar. Allí se plantaron palmeras Cocculus como si fueran quitasoles. "Entregan una sombra amable, una suerte de trama que evita el frío de la sombra que en la playa puede ser muy helada", explica Bernardita.

Bordeando las quebradas y en los paños centrales se generaron grandes terrazas y sectores de pasto, en un jardín que hacia el mar se vuelve más aterrazado. Son justamente los taludes los que se encargan de sectorizar el terreno donde se aprecian dos miradores, paseos, zonas de juegos para niños, dos piscinas, canchas de tenis y numerosos caminos serpenteantes que invitan a recorrer los jardines. Un diseño que definitivamente potencia el entorno y enmarca las vistas, haciendo del lugar un grato espacio para el descanso.

rollizos de pino sulfatados, tanto en forma vertical como horizontal, en bordes de escalinatas y formando las huellas".

Después de hacer un acabado estudio sobre las especies que se daban mejor en la zona, analizando aquellas de las casas más antiguas, determinaron cuáles usar, poniendo especial énfasis en las que dan cuenta de la memoria colectiva del lugar.

Una bajada para vehículos que une ambos edificios guía hacia un patio inglés y posteriormente a los estacionamientos. En ese recorrido se creó un atractivo conjunto de helechos arbóreos –alsophylla–, pitosporos enanos y mirto hamburgués, a los que se suman buganvilleas que crecen adosadas a los pilares. Como elementos verticales, se plantaron esterculias, que recién el año pasado florecieron en primavera para continuar hasta el verano, formando un atractivo punto de color rojo. Desde el patio inglés se sube o se baja a los departamentos, los cuales cuentan con amplias jardineras en las que las paisajistas pusieron ampelopsis, buganvilleas y pittosporos enanos para lograr una imagen unitaria.

A continuación de este sector el paisajismo es muy suelto y colorido, pese a su clara estructura, ya que las obras civiles están bastante marcadas. Mirando hacia el mar, cada edificio tiene en su base un talud con más de 1.500 lavandas plantadas en hilera, y en los pilares, Pittosporum undulatum forman conos que permitieron a las paisajistas "anclar la elevada construcción a la tierra", como dice Bernardita.

Las tres quebradas naturales, donde crecen centenarios árboles, como maitenes, quillayes, litres, peumos y boldos, fueron respetadas tal como la paisajista Elizabeth Huyghe proponía en su plan maestro. Así, los edificios del área norte y del sur, divididos por una de ellas, se unieron mediante un puente de madera, de carácter peatonal, que armoniza con el entorno. En ese recorrido y para generar continuidad, Bernardita y Carolina también plantaron árboles autóctonos.

El diseño elaborado para el área de las piscinas buscó generar un gran estar. Allí se plantaron palmeras Cocculus como si fueran quitasoles. "Entregan una sombra amable, una suerte de trama que evita el frío de la sombra que en la playa puede ser muy helada", explica Bernardita.

Bordeando las quebradas y en los paños centrales se generaron grandes terrazas y sectores de pasto, en un jardín que hacia el mar se vuelve más aterrazado. Son justamente los taludes los que se encargan de sectorizar el terreno donde se aprecian dos miradores, paseos, zonas de juegos para niños, dos piscinas, canchas de tenis y numerosos caminos serpenteantes que invitan a recorrer los jardines. Un diseño que definitivamente potencia el entorno y enmarca las vistas, haciendo del lugar un grato espacio para el descanso.




jueves, 10 de julio de 2014

CONTEMPORÁNEO Y BIODIVERSO

Intervención en Piedra Roja, de la arquitecta paisajista UC Elizabeth Huyghe en la vialidad de catorce hectáreas, desarrolladas desde 2010. Tres grandes avenidas llevan su sello: la que va al final de la bajada de Pie Andino, que se llama Avda Juan Pablo II y la que va por detrás denominada Padre Correa. Y en este momento está elaborando la vía José Rabat, donde también el paisajismo es el protagonista de la urbanización. En pleno Chicureo, a pocas cuadras de la Avda del mismo nombre, se encuentra el proyecto inmobiliario Piedra Roja. Toda la vialidad, y hasta la señalética de la rotonda que marca su inicio y los distintos condominios que rodean las mil hectáreas de extensión de esta zona, han sido realizados durante más de doce años por la arquitecta paisajista Elizabeth Huyghe. E incluyen una laguna monumental, ubicada en el corazón del proyecto, con 80.000 m2 de aguas, totalmente navegable. Este es considerado el desarrollo urbano más grande de Chile. Allí hay diversos condominios, o barrios cerrados, que albergan a más de 1.800 familias. Y un gran parque, alrededor de la laguna, que enfrenta el mall Vivo Piedra Roja, donde hay numerosos restoranes y tiendas. En 2002 surgió el Master Plan de Piedra Roja y el arquitecto Patricio Schmidt definió una laguna y los loteos. El paisajismo fue encargado a Elizabeth Huyghe. quien en 2004 proyectó la forma de la laguna y sus distintos rincones. Estos han ido tomando cuerpo en el transcurso de varios años, luego de que los construyera Paul Taverne, y que Cristián Nettle se ocupara del riego. El ingeniero con quien se realizó la laguna desde el punto de vista hidráulico creó bordes de hormigón en ciertos sectores, recubriéndolos con tierra, a las que se le pusieron plantas sumergibles, como indicó Elizabeth, de manera que estas áreas recibieran la materia orgánica flotante de la laguna. Son parte de la limpieza de esta área. Toda la ingeniería conceptual estuvo a cargo de PACE, Pacific Aquascape, empresa norteamericana de gran experiencia en el tema, quienes trabajaron en conjunto con el ingeniero chileno Alfredo Edwards quien realizó la ingeniería de detalle. Al mismo tiempo los dueños de todo este sector privado, cerrado para el uso de quienes no fueran propietarios, le encargaron a la paisajista que ideara un circuito para trotar y caminar, con ciclovías y estares, tipo plazuelas, de aproximadamente dos kilómetros, que bordean todo el contorno de la laguna. Cada uno de estos espacios, con vistas particulares para cada uno, reciben nombres diferentes: los triles, las taguas, los patos. También hay un anfiteatro, en uno de los miradores, donde habitualmente se reúnen los niños a jugar. Recientemente se le adicionó a este jardín de la laguna de Piedra Roja un circuito para trote, sin césped. Tiene una imagen paisajistica más de secano, y muchas especies con gravilla entremedio, entre las que destacan Aloes arborescens, ágaves, huilmos, stipa, Pennisetum. Y en cuanto a árboles destacan quillayes, quebrachos, vilcas (Acacio visca). Esta selección según Elizabeth Huyghe obedece a "que cada día tenemos menos agua, y hay que cuidarla. Es fundamental no secar los pozos de la zona. Y no perder agua por evaporación. Hay que diseñar pensando en eso. En este caso logramos conducir el agua de las quebradas, en este caso hacia la laguna, y con ello además se riega el jardín". Además la paisajista proyectó un lugar para juegos infantiles, en una plaza con maicillo, con grandes Celtis australis para dar sombra en el verano. También puso tipas y quillayes. Y están implementando otro espacio para hacer gimnasia. Que en este momento permanece con maicillo. El concepto general de este espacio es, como dice la paisajista, que "a mayor biodiversidad se logran más posibilidades de sustentar un paisaje. Las variedades de plantas permiten que lleguen los pájaros y aniden allí. Las distintas especies se han ido acomodando. Algunas mueren. Surge la vida, pese al suelo de estructura pobre y densa". Son suelos arcillosos con pH elevado, de poca capacidad de infiltración y lenta permeabilidad. Esto ha impedido que muchas especies de desarrollen bien, como es el caso de los peumos, una nativa habitual en los cerros de la zona. CONCIENCIA DE LA NATURALEZA En todo este proyecto hay que tener claro que ha sido importante contar con el apoyo de quienes tuvieron la iniciativa de respetar la naturaleza y mismo tiempo crear un importante polo de desarrollo inmobiliario. Inmobiliaria Manquehue es la dueña del proyecto y lo que querían era que la Laguna de Piedra Roja pareciera como que siempre estuvo allí”. Para Cristián Cominetti, gerente general de Piedra Roja, la idea fundamental fue integrarla como un elemento natural del lugar, “porque el agua es un elemento muy grato, debido a su sonido, sus reflejos y la sensación de placidez que da. Y la laguna es un tremendo aporte visual, que permite diferentes deportes náuticos y mejora la calidad de vida. Queríamos tener flora y fauna nativas, en un lugar que fomentara el ocio, el descanso y la calidad de vida, en el poco el tiempo libre que se tiene para uno y la familia “ Por ello junto a la laguna se creó un Club Naútico, para practicar deportes en embarcaciones menores de vela, remo, windsurf, kayac, y también se hizo un embarcadero donde hay burbujas acuáticas, y clases para todo público.